En 1889, el Congreso de París de la Segunda Internacional acordó celebrar el “Día del Trabajador” el 1º de mayo de cada año. La fecha se elegía en homenaje a la huelga del 1º de mayo iniciada tres años atrás por los trabajadores de Chicago, ciudad que estaba en pleno auge de la industrialización estadounidense. En 1886, el Presidente de los Estados Unidos, había promulgado la llamada Ley.